29 marzo 2007

Nunca debí callarme

Aquí os dejo una recopilación de frases hechas que más de una vez hemos escuchado en nuestra vida, junto a lo que deberiamos haber dicho en ese momento, y por educación nunca dijimos.
[...]Fijáos en lo bien que lo ha hecho Alberto, ahora tendréis que esforzaros más para estar a su altura

¿Se supone que eso es una forma de premiarme? ¿No ve usted que me voy a llevar una somanta de palos cuando salga al recreo? ¿No es suficiente el asco con el que me mira alguno cuando ve que soy el primero en entregar el trabajo? Perdone que le diga, pero ¿cuántas veces suspendió usted la psicopedagogía, desgraciada?

Si yo te quiero mucho, pero como a un amigo

Espera, que voy a ver si lo entiendo. Resulta que te diviertes conmigo, que te encanta contarme tus problemas, que valoras mis consejos, que te gusta que te acompañe a comprarte ropa, incluso interior, que soy aquel con el que compartes penas y alegrías… ¡pero prefieres liarte con ese otro de ahí sólo porque se le marca no sé qué de una tableta de chocolate! ¡Pero si yo compro y como chocolate todos los días! Anda y vete a freír monas… y que lo sepas, que se llaman abdominales rectos y oblícuos, no onzas.

No te preocupes, mírame a mí. Yo también suspendí y aquí estoy

¿Tú? ¿¿Tú?? ¡¿¡Tú?!? ¿Y quién quiere ser como tú? Tú, que me has suspendido un examen de matemáticas porque lo he hecho a lápiz y querías que lo respondiese con bolígrafo. Tú, que estás aquí porque la selectividad no te dio para más y pagas tu descontento laboral conmigo todos los días. Tú, que ayer estabas dando literatura pero, para aumentar el sueldo, hoy me enseñando a sumar quebrados y tienes problemas para explicarme en qué consiste el mínimo común múltiplo. Tío, yo no quiero ser como tú, por eso no quiero suspender.

Esto se está vendiendo mucho ahora

Lo primero: a mí que algo se venda o no, me da completamente igual, no me voy a poner una camisa de flores por mucho niño o quiksilver que tenga en el bolsillo. Que no, que me mires la cabeza, que yo no me peino con cuernitos, que yo lo que quiero es una camisa lisa verde, y no sé qué color es el verde manzana ácida, tú enséñame los verdes y yo te digo la que quiero. Y segundo: si la camiseta de flores se está vendiendo tanto, ¿cómo es que tienes tres percheros llenos?

Tú te mereces a alguien mejor que yo

Pues claro que me merezco a alguien mejor que tú, eso ya me lo dice mi madre todos los días, y ella no se equivoca nunca, que me conoce como si me hubiera parido. Pues claro que me merezco a alguien mejor que tú, o al menos que sea capaz de idear una respuesta más convincente. Pero es que resulta que por un azar del destino, de forma totalmente involuntaria, y para pesar mío, eres tú quien me gustas y es tu cara la que veo por las noches antes de dormirme, que con lo fea que eres me pegas cada susto… Claro que me merezco a alguien mejor, pero mientras tanto, ¿no podrías hacerme el favor y yo me quedo más contento?

Bah, éste siempre pone las mismas preguntas. Tú te miras el test del año pasado y tienes mínimo un notable

¿Y tú por qué estás repitiendo listillo? ¿Si sólo había que mirarse el test, cómo es que no tienes tú el notable?

No te preocupes por el suspenso. Tú aprovecha el verano para estudiar y te pongo matrícula en septiembre (Esta frase suele oírse cuatro meses después de que uno escuche la anterior)

¿Pero con quién se cree usted que está hablando? Que ya sé que no es verdad, que este rollo ya me lo han soltado y luego la matrícula nunca llega. Si de todas formas yo no quiero la matrícula, yo me conformo con que me ponga usted ahora un aprobado y yo me pueda pasar el verano tranquilo haciendo lo que me apetezca. Pero si con mi plan salimos todos ganando: yo no tengo que seguir estudiando y usted se ahorra corregir un examen.[...]

Podeis encontrar el resto en el blog de MoonShadow

2 comentarios:

==Dominus==> dijo...

Bueníiisimo... como no....

Darina Silverstone dijo...

Ante frases como estas uno siempre se queda pensando... en general a mi se me ocurren cosas por responder un poco después, cuando se me pasa el golpe al ego y mi autoestima regresa maltrecha de entre las patas de las sillas a situarse encima de mi cabeza...

Provocar sinapsis, aunque sea absurda, pues...

D.